Microfonía

Microfonía 

Queremos comenzar esta serie de artículos hablando de todos los integrantes de nuestra cadena de audio, en esta ocasión hablaremos de micrófonos y más específicamente de su aplicación. No vamos a poner las técnicas de microfonía ya conocidas por todos, ya que para eso hay varios manuales sobrados en la materia. Sino que vamos a dedicarnos a lo que si bien está escrito no se aplica y, si no está escrito, es interesante tenerlo en cuenta. En la grabación con micrófonos estamos dando por sentado que casi el 97% del material que estamos grabando proviene de una fuente acústica o proviene de un amplificador o bocina. Indistintamente de dónde este provenga, la interacción entre la cápsula del micrófono, la fuente del sonido, el recinto y el aire, es indisociable. Esto nos trae a nuestros oídos la percepción de cómo fue grabado tal o cual disco, en qué entorno grabaron las voces y hasta la buena o mala combinación de varios micrófonos usados simultáneamente.  

 

Como mencionamos en otros artículos, en el uso de varios micrófonos simultáneos debemos atender el problema de fase y en la mezcla, balancear bien los niveles para que el sonido sea natural y orgánico.  

¿A qué nos referimos con que sea “Natural” y “Orgánico”? En principio nos referimos a natural pensando en que al capturar un sonido debemos “simular” nuestra escucha. Es decir, capturar este como si fueran nuestros propios oídos. No confundamos la situación del audio en vivo con la situación de estudio. En la primera, conseguir un detalle, es bastante difícil ya que hay demasiadas fuentes de sonido muy cercanas y estas tienden a contaminarse entre ellas. En muchos casos se usan micrófonos muy cercanos y otros de contacto para tener un detalle. Lo bueno de estas situaciones es que también usan técnicas ambientales de microfonía para captar el conjunto, el cual al estar tocando todos al mismo tiempo, lo convierte en “orgánico”. Como todo en la vida, se gana de un lado y se pierde por otro. Ya hace unos años que en los conciertos que se graban para realizar un video de ellos (DVD, Blu Ray, streaming, etc), se pueden apreciar en el escenario pequeños paneles aislantes, y a los bateristas, metidos como en una “jaula” de estos. Esto ayuda a reducir la contaminación sonora entre las fuentes y permitiendo luego una mezcla más controlada. Ahora, en estas mezclas de vivo se combinan las técnicas ambientales que dan una imagen del conjunto y se utilizan los spots para dar algunos detalles necesarios, para así conseguir esa “masa orgánica” de sonido, que al escucharla nos da la sensación e imagen de cómo hubiese sido el estar en ese concierto.  

 

Esa situación debería darse siempre en el estudio, pero no siempre sucede. Si nos remontamos medio siglo atrás, al no tener tantos canales disponibles, se empleaba que se microfoneaba a la banda completa, se les pedía que toquen el tema completo y de esas tomas se elegía la mejor. Luego vino la posibilidad de hacer algunas ediciones cortando cintas, que hoy en día quedan muy pocas personas con el conocimiento de hacer ese trabajo. Luego, en varios casos se grababa la voz por separado en el mismo recinto donde la banda había grabado previamente, esto ayudaba a capturar el entorno y al final la mezcla queda como si la banda hubiese tocado junta en todo momento, dándonos la sensación orgánica. 

 

Cápsulta Schoeps

Con el avance del POP y su experimentación ciertas situaciones capturadas en estudio, dejaban de parecerse a una actuación del grupo en cuestión y los elementos sonoros tendían a estar repartidos de distinta manera. En el caso de Rock, Hard rock y el Blues, hasta los 80´s la grabación de estos, era básicamente grabar en el estudio, lo mismo que pasaba en el escenario y por eso muchos de los discos de estos tipos de género suenan tan orgánicos. Por ejemplo, podemos mencionar a Queen, que siempre armaban las bases tocando juntos (también tengamos en cuenta la complejidad de las piezas que iban armando al pasar del tiempo) y luego agregaban overdubs e instrumentos extra, pero la base, era orgánica.  

El problema que se fue suscitando con el paso del tiempo es que cada vez más se fueron aislando los músicos, es decir, que cada elemento  se graba casi por separado. Esto en la mezcla, tiene su costo y parece como si fuese puesta una capa sobre otra. En este caso, la microfonía también sufre ya que se abusan del “spot” y luego del EQ y reverb, pudiendo tener un plan armado previamente (preproducción) y dejar que los micrófonos hagan ese trabajo. Para la captación rica de un instrumento, se debe dejar que este pueda desarrollar todo su espectro tanto dinámico como de frecuencias, recomiendo enfáticamente la lectura del libro “Acoustics and the Performance of music” de Meyer, donde podemos ver la proyección de los instrumentos y de ahí (no viene con la receta de donde poner el micrófono) podemos juzgar cual sería la mejor toma con el o los micros que dispongamos. Esto nos permite tener capturas de sonido más efectivas y ricas. No es lo mismo capturar una guitarra acústica, con un micro que con 3. ¿Para qué 3 micros, si con uno alcanza? Una de las cosas que debemos buscar al momento de grabar es capturar todo el rango del instrumento. Con un solo micrófono (diafragma grande) en este caso, captaríamos solamente los graves de la caja, pero agregando un segundo micrófono (diafragma chico) cercano (30 cm) al traste 12 de la misma, captaríamos varias resonancias naturales del instrumento y además el brillo de las cuerdas (además de un detalle del ruido de los dedos, porque el instrumento está tocado por un ser humano). Podríamos pensar que no necesitamos más, con eso alcanza y sobra. Pero no, siempre está interesante usar un micrófono ambiental para darle espacio al instrumento, entonces ya no sonaría como un instrumento con el oído pegado a este, situación completamente antinatural y extraña en el mundo real. Nadie escucha una guitarra así, ni siquiera el mismo músico. Este micrófono ambiental ubica psicoacústicamente y espacialmente a nuestro cerebro, le da un contexto, información del recinto, distancias, etc. También, dependiendo del micrófono y tipo de diafragma que usemos o si es de listón, cada micrófono y cada tipo de estos, captarán otras cosas o cosas distintas. Por ejemplo, podemos citar los micrófonos de listón para ambientales ya que por su sensibilidad son más efectivos en este uso (En graves, estos micrófonos comienzan desde los hasta 40Hz y tienen una atenuación natural a partir de los 14kHz), por eso se complementan muy bien con los micrófonos de diafragma, de ahí que la microfonía, es un arte. En nuestro ejemplo necesitaríamos que nuestro micrófono ambiental esté a no menos de 4.8 metros, ya que la frecuencia más grave de nuestra guitarra es 82Hz y esta, como mencionamos anteriormente, necesita al menos esa distancia para desarrolla un ciclo completo. 

 

 

También, no olvidemos que nada mezcla mejor el sonido que el aire. Muchas de las mejores grabaciones de Big bands, orquestas y demás ensambles acústicos en la historia, se han realizado con la técnica Decca Tree, esta técnica se sitúa a no menos de 3.2 metros de altura y lo que captura al usar micrófonos onmidireccionales es el rango completo de frecuencia tanto graves como agudas. La imagen estéreo obtenida es muy clara por su diseño y la combinaríamos con spots solamente para detalles, de nuevo… el arte.  

A modo de conclusión podemos decir que de la correcta aplicación tanto del micrófono, la técnica y lo más importante… el criterio y nuestro oído, saldrán las grabaciones con un sonido más natural, balanceado y orgánico. Cada micrófono que no pongamos con criterio puede ser el que al momento de mezclar nos meta en serios problemas y comprometa nuestra producción y trabajo. También el darle el espacio “aire” para que la cápsula haga bien su trabajo, va a marcar la diferencia entre un trabajo profesional y uno amateur.

 

Martín Alejandro Díaz Velez 

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